Don Draper, Playboy y el fin del sueño americano

La conquista masculina de la domesticidad

Me confesaré, nunca he estado en Nueva York, ni siquiera en los Estados Unidos. Pero como nadie de mi generación ha estado de donde (o más bien de cuando) voy a hablar, partimos del mismo punto.

Son los 60: Hugh Hefner lleva más de un lustro publicando Playboy (1), Jane Jacobs acaba de lanzar su libro The Death and Life of Great American Cities (2) y Don Draper (3) es uno de los creativos publicitarios con más éxito de Manhattan. Dos realidades y una ficción muy lograda nos muestran como piensa, como vive y como es el hombre americano de esta década.

http://www.amctv.com/shows/mad-men

Jane Jacobs en su libro nos presenta una ciudad americana, concretamente Nueva York, que poco a poco ha ido perdiendo su humanidad frente a un urbanismo poco sensible a la realidad y las relaciones sociales del momento.  En este ambiente cada vez más hostil se desenvuelve Draper. Un hombre apuesto, bien vestido siempre trajeado y con camisa blanca impoluta. Cigarrillo en la boca y copa de bourbon en mano, pasa su jornada laboral entre la oficina, donde capitanea su equipo de creativos de Sterling-Cooper, y los locales de la gran manzana, en mejor o peor compañía.

Como bien apunta Enrique Encabo (4) en una de las introducciones a su programa, la calle en Mad Men no se ve, básicamente porque ruedan en Los Angeles y la serie está ambientada en Nueva York. Pero como no dejaba de recodar el cura de Religión hay que “creer para poder ver” y aunque rara vez se vea la ciudad está constantemente presente durante el desarrollo de la trama. La gran metrópoli aparece como un objetivo de conquista e inspiración; donde las personas son individualistas, solitarias a pesar de estar rodeadas de gente, con sus propios secretos y dramas interiores los cuales se resuelven o se entierran bajo la moqueta para que no huelan demasiado.

A las afueras de la ciudad se encuentra Betty Draper, esposa de Don Draper, también casi perfecta en todo su ser. Una mujer básicamente que se dedica a las labores del hogar y a estar perfectamente hermosa todo el día en un entorno suburbano de casa con tejado a dos aguas y jardín trasero donde atar al perro para que no moleste cuando vienen invitados. Este entorno viene motivado como se explica en The End of Suburbia (5) a parte de por el “sueño americano” de la clase media: casa, coche, mujer y niños, por la disponibilidad de gasolina barata y una industria potente automovilística de grandes Cadillacs y Dodges que aparcar frente al deseado refugio doméstico y presumir de quien “lo tiene más grande”.

En este fortín suburbano Betty es la reina. La decoración se adivina femenina, es curioso ver a Don en uno de los primeros capítulos intentar secarse las manos después de lavárselas y tras barajar varias opciones, entre una mini-toalla rosa y otra con visillos en los extremos, opta por secárselas en su propia camiseta. Con esto queda claro, “el hogar” no es propiedad del hombre. Don puede que sea el que dicta las normas en la oficina, pero aquí es Betty quien pone las reglas, en este lugar él sólo decide como pagar las facturas.

http://www.flickr.com/photos/88017382@N00/3760367515/in/set-72157621728943987/

“The Playboy Townhouse” (May 1962 issue of Playboy)

Los 60 en EE.UU. no son sólo el inicio de las revoluciones hippies, es el inicio de las nuevas configuraciones familiares. Divorcios, apertura sexual, liberación de la mujer… dan paso a que los cimientos de la familia de la clase media americana se resquebrajen y den paso a múltiples configuraciones que hoy consideramos más que normales. Playboy aquí juega un papel importante, ayuda al hombre soltero en su “lucha” por la conquista de la domesticidad. Presenta por fascículos el apartamento del soltero (Playboy penthouse) (6) de la mano de Donald Jaye, el que libera de las ataduras femeninas. Decorado con austeridad y clase, con toques muy “van der Rohe”, disfruta de las novedades tecnológicas y un minibar siempre lleno. Una cama redonda preside el dormitorio desde la cual se tiene acceso a todo tipo de interruptores, para controlar el resto de la casa y hacer las delicias de su invitada. En fin, un lugar que cubre todas las necesidades (sobretodo sexuales) del hombre soltero de los 60.

Hugh Hefner en la cama redonda (Mansión Playboy)

El experimento de Hefner culminaría, ya no en un apartamento si no en una mansión entera. Transformando una casa señorial de finales del siglo XIX en Chicago de la que prácticamente sólo conservaría la fachada. Entre otras cosas, convirtió el garaje en una piscina con un “cuarto subacuático” (algo así como una pecera humana), la segunda planta acogió un salón de baile de cien metros cuadrado sin ventanas y, como no podría ser de otra manera, su dormitorio con su cama redonda sería el centro de operaciones, no sólo de la casa, si no de la industria Playboy.

Ahora si, el hombre, parafraseando la ranchera “con trono pero sin reina”, es el rey.

Anotaciones:

(1) Playboy 

(2) Muerte y vida de las grandes ciudades JACOBS, Jane (Capitán Swing)

(3) MAD MEN AMC

(4) Podcast Planeta Beta: Luis M. Mansilla y Emilio Tuñon

(5) The end of suburbia: Oil Depletion and the Collapse of The American Dream GREENE, Greg

(6) Pornotopía PRECIADO, Beatriz (Anagrama)

Agredecer como siempre a Mònica Dominguez su eterna paciencia con sus correcciones y consejos de escritura. Gracias!

Acerca de miguelangelaguilo

Arquitecto, editor & social media manager
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